sábado, 6 de mayo de 2017

Crónica de una entrega al ritmo del Show de Benny Hill

Gané el primer premio del Certamen internacional de microrrelatos del Ayto de Pilar de la Horadada con «Precio Justo», inspirado en su torre, construida en 1580 sobre otra anterior, y que pertenecía al sistema de vigilancia costera para proteger a los pueblos de las razias de los piratas berberiscos.



La entrega del premio se celebró el viernes 5 de mayo en el salón de la Casa de Cultura, en el marco del acto conmemorativo del Día Internacional del Libro y los Derechos de Autor; también se entregaron los premios de los concursos de poesía, a los trabajos literarios de los alumnos seleccionados por el profesorado de los centros educativos de primaria y a los máximos lectores de la Biblioteca Pública Municipal.

Había trabajado toda la mañana y estaba agotada. Comí algo rápido y cometí el gran error de tumbarme en el sillón, hecha un gurruño, con la cara pegada a la barriga de mi gato, para descansar un ratito. Imposible dormirse en esa posición, ¿verdad? Pues no. Fundido en negro. El instinto me despertó veinte minutos antes de la hora a la que habían quedado en pasar a buscarme. Imaginadme corriendo por la casa al ritmo de la música del Show de Benny Hill. Ducha, barra de labios, timbre, yo abriendo la puerta envuelta en una toalla, cara de estupefacción, «no mires, pasa», carreras para vestirme y… vaya ¿dónde está el sujetador? Este mismo. ¡ERROR! Ese mismo era uno que me compró mi santa madre con un diseño que realzaba demasiado mis encantos. «Tanto da, tanto da, en lo que no me agache, todo bien», pensé. Vamos, vamos, ¡VAMOS!

Conducción temeraria, aparcamiento en la misma puerta (algo tenía que salir bien) y entrada en el salón de actos con diez minutos de retraso. Estaba abarrotado y, por desgracia, la chica que nos esperaba había reservado tres asientos, pero éramos cuatro. Les dije que no se preocupasen, ya encontraría yo uno o me quedaría de pie. ¡Qué menos!





Asiento libre en primera fila, corro, me siento y… las luces se apagan.
— ¿No está ocupado, ¿verdad?— Le pregunté al hombre que tenía al lado.— Es que me entregan un premio y…
—No, no, no se preocupe. Bueno, es el de la concejala pero no creo que le importe, va a estar en el escenario durante todo el acto.
D.ª María Trinidad Escarabajal Sáez, la concejala, comenzó la presentación y yo…  dándole vueltas al tema. «Con razón estaba libre. Debería levantarme, ¡pero cómo voy a levantarme ahora! Bueno, me levanto si viene…» Los remordimientos me carcomían así que volví a preguntarle al hombre.
—¿Está seguro de que no le importará?
—No creo pero, de todos modos, puede sentarse en mi sitio, yo me levantaré ahora.
Y en ese instante, señores y señoras, D.ª María Trinidad Escarabajal Sáez exclamó:
—Y para la entrega de premios contamos con la presencia del Excmo Alcalde don Ignacio Ramos García.
Y sí, lo habéis adivinado, mi amable compañero se levantó.

«Bueno, Gema, no te preocupes, podría ser peor, podría llover» me dije con este sentido del humor tan tonto que tengo a veces. Las entregas de premios se sucedían, el momento se acercaba  y… llovió: los premiados de las categorías de poesía y relato debían leer sus textos sentados en un sillón precioso que había a la izquierda del escenario. Todos lo llevaban encima; todos menos yo, claro. Había habido un problema de comunicación. Sabía que tenía que leer, pero presupuse que la organización me daría el texto y la organización, está claro, que lo llevaría yo. Los nervios cabalgaban desbocados en mi estómago mientras yo buscaba como una posesa en el móvil el archivo que mandé al certamen con el micro, pero no pudo ser: mi nombre resonó alto y claro a través del altavoz y… allá que fui.  



Sentada en el sillón, todo lo recta que podía para evitar que mi glorioso escote mostrara más de la cuenta y agradeciendo que la falda me llegara a la rodilla, miré al público, sonreí y dije:
—Ante todo agradecer que me hayan concedido este galardón. Me temo que ha habido un problema de comunicación, no sabía que tenía que traer mi relato, pero soy cuentacuentos, así que si lo desean puedo intentar contárselo—. Ains….
—No pasa nada, tenemos prevista esta contingencia, hay una copia.
Escampó… Pase de relato a través de la sala, relato en manos de Gema, relato leído. Prueba superada.

A mi mejor amigo le encantan mis anécdotas. «Solo te podía pasar a ti, Gema» suele decir mientras se ríe. Espero que la hayáis disfrutado tanto como él. Y reído de mí, y conmigo. Yo lo hice. Besotes para todos.



Gracias.